Disminuir la inversion en publicidad puede resultar contraproducente
Como consecuencia de la crisis que estamos viviendo, muchas empresas deciden disminuir o incluso eliminar la inversión dirigida a la publicidad. Cuando las cosas van mal se tiende a reducir en primer lugar los gastos de los elementos más prescindibles, pero en este caso la publicidad en absoluto lo es.
Desconocen el daño que están generando a su propia marca. Las empresas caen en este error quizás debido a un error conceptual: la publicidad no es un gasto sino una inversión. Una inversión que deben hacer las empresas para generar conocimiento, notoriedad y favorecer la imagen de su marca. La publicidad se encarga de hacer más atractiva una marca a través de sus propias cualidades y características; es decir saca el máximo provecho de ésta.
La exclusión de publicidad puede no repercutir negativamente a la empresa los primeros meses, ya que los clientes tienen una imagen de la marca positiva, de la comunicación que se ha dado hasta el momento. No obstante, a largo plazo esto cambia. Si dejas de comunicar la gente se olvida de ti ya que le empezarán a llamar la atención otros productos. Debemos señalar que un producto o marca por muy buena que sea si no se comunica es como si no existiera, ya que no se le conoce, ni se oye hablar de ella.
Es evidente que para que una empresa sobreviva a la crisis, las características del producto deben ser buenas, pero también un gran porcentaje se encuentra en la estrategia de comunicación que se haga.
Todas las marcas reconocidas y con cierto prestigio en el mercado tienen un alto nivel de comunicación detrás. Incluso Zara, por mucho que no veamos anuncios en televisión, cuñas de radio, ni carteles publicitarios TAMBIÉN comunica, de hecho le otorga un gran valor a la comunicación. Es cierto que Zara no hace publicidad convencional, no obstante la publicidad de Zara se encuentra dentro de las tiendas, en el punto de encuentro con sus clientes. Ésta es su estrategia de comunicación, situar toda la comunicación interna y externa en torno a la tienda. En primer lugar, todas las tiendas están estratégicamente situadas, normalmente en el centro de las ciudades, su ubicación debe de ser especial. Por otro lado el diseño de las tiendas, los escaparates, la distribución de la ropa, la actitud de los empleados, su aspecto, el trato a los clientes, etc. Y es que Zara cuida hasta el último detalle, ya que todo comunica.
En mi opinión, la publicidad en tiempo de crisis adquiere aún mayor importancia. Es más, quizá sea el peor momento para que una empresa piense en recortar en publicidad. Muchas empresas pueden ver como alternativa retirar la publicidad ya que les supone un “gasto”. Los que piensen de esta forma pueden estar cayendo en un gran error. La publicidad, en estos tiempos, no es una parte del problema sino que es una gran parte de la solución.
En definitiva, cabe señalar que la imagen positiva de una marca se construye paulatinamente, en cambio, se puede destruir cuestión de segundos. Por eso, la comunicación de una marca es imprescindible y hay que cuidar hasta el último detalle para que el resultado sea el deseado.
Por todo esto, las empresas deben tener siempre en cuenta que lo que sacrifiquen hoy, lo pueden pagar muy caro mañana.
¿Crecer o no crecer? ¡Esa es la cuestion!
Que las empresas crezcan o no crezcan, depende de muchísimos factores. Factores internos y controlables por la propia organización y factores ajenos a esta.
Evidentemente, con los factores externos, la empresa lo único que pude y debe hacer es estar atenta a ellos y reaccionar de la mejor manera posible en función de sus necesidades. Es decir, adaptarse a los cambios ya sea creciendo, decreciendo, reinventándose, manteniéndose firme, etc.
Por lo que a los factores internos respeta, el que más nos interesa es el primero de todos, el que es común e innegociable para cualquier organización que quiera crecer: ¡la voluntad! Si una empresa tiene voluntad de crecimiento, independientemente de que lo consiga o no, ya tiene un horizonte dónde mirar y un objetivo hacia el que caminar. Este deseo de crecer se tiene que saber gestionar adecuadamente, de manera que sea algo motivante y no estresante para la organización y sus empleados. Pero si, por el contrario, una empresa no tiene en su horizonte (cercano o lejano) evolucionar y tener un cierto crecimiento, además de pecar de un excesivo conservadurismo (según mi punto de vista), ¡corre el peligro de decrecer!
Obviamente, hay muchos tipos de crecimiento empresarial. Se puede crecer en beneficios, en rentabilidad, en estructura y servicios, en cobertura geográfica, etc. Depende de los factores propios de cada sector y de la posición que nuestra empresa tenga dentro de este sector, nos convendrá un tipo de crecimiento u otro.
En definitiva, lo que queremos decir es que nos parece importante para cualquier empresa que sus dirigentes visualicen un futuro más próspero para su organización. Un futuro hacia el que caminar que les servirá de guía en la toma de decisiones corporativas.




